Conseguir fotos naturales de comunión no depende de pedirle a un niño que sonría constantemente ni de preparar una sucesión de poses. Muchas veces ocurre justo lo contrario.
Cuando un niño tiene tiempo para sentirse cómodo, puede moverse, hablar y mostrarse como es, las fotografías empiezan a reflejar su personalidad mucho mejor.
Y ahí está, para nosotras, la verdadera diferencia entre una fotografía bonita y una fotografía que, dentro de unos años, seguirá teniendo sentido.
La naturalidad empieza respetando la personalidad de cada niño
No todos los niños viven una sesión de fotos de la misma manera. Algunos se sienten cómodos desde el primer momento, mientras que otros necesitan observar, hablar un rato o acostumbrarse a estar delante de una persona que no conocen.
Y las dos cosas son completamente normales.
Por eso no creemos en hacer sesiones en cadena ni en esperar que todos los niños respondan igual delante de nuestra cámara. Preferimos observar, hablar con ellos y dejar que la confianza aparezca poco a poco.
Cuando dejamos de perseguir constantemente la fotografía perfecta, suelen aparecer los gestos que realmente merece la pena guardar.
Natural no significa dejarlo todo al azar
Una fotografía natural también está pensada. Elegimos la luz, cuidamos el espacio, buscamos un encuadre bonito y podemos dar pequeñas indicaciones cuando son necesarias.
La diferencia está en no convertir esas indicaciones en una sucesión constante de poses. Podemos proponer caminar, sentarse, jugar, hablar o interactuar con su familia y, a partir de ahí, dejar que ocurran cosas.
Una sonrisa inesperada, una mirada, una carcajada o incluso un gesto serio pueden contar mucho más que una expresión que hemos pedido varias veces.
Porque la naturalidad no significa que no haya dirección; significa que la dirección no se nota en el resultado.
Darles tiempo también cambia las fotografías
A veces los primeros minutos de una sesión no son los que nos regalan las mejores imágenes. Un niño puede llegar más tímido, cansado o simplemente necesitar un rato para sentirse cómodo en un lugar nuevo. Intentar acelerar ese proceso suele conseguir justo lo contrario de lo que buscamos.
Por eso creemos que una sesión de comunión necesita tiempo, paciencia y capacidad para adaptarse a cada niño. No queremos conseguir una sonrisa a cualquier precio. Queremos conseguir recuerdos en los que podáis reconocerlo.
Si quieres profundizar en esta forma de trabajar, en el blog te contamos por qué dar tiempo a cada niño cambia una sesión de comunión.
La familia ayuda a que aparezcan momentos espontáneos
Las fotografías con padres, hermanos o abuelos no solo sirven para completar el recuerdo de esta etapa. También pueden ayudarnos a crear situaciones mucho más naturales.
Una mirada, una conversación, un abrazo o una broma entre hermanos puede hacer que el niño deje de pensar en la cámara y simplemente esté con su familia.
Y esas fotografías tienen un valor especial porque no solo recuerdan cómo iba vestido aquel día, sino cómo era vuestra familia en ese momento.
Por eso nos gusta dejar espacio para fotografías familiares, sin necesidad de que todo el mundo esté perfectamente colocado y mirando a cámara.
Sus aficiones también ayudan a que las fotos hablen de ellos
Si le apasiona el fútbol, toca un instrumento, baila, lee constantemente o tiene algún objeto especialmente importante para él, podemos incorporar pequeños elementos que formen parte de su mundo.
No se trata de llenar la sesión de accesorios, sino de preguntarnos qué cosas representan realmente al niño en este momento de su vida.
Porque dentro de unos años quizá sea precisamente esa fotografía con su balón, su libro favorito o aquello que le apasionaba la que consiga despertar un recuerdo que una fotografía más formal no podría contar.
¿Estudio o exterior? La naturalidad no depende del lugar
Podemos conseguir fotografías naturales tanto en estudio como en exterior. Lo importante no es únicamente dónde hacemos las fotografías, sino cómo vive el niño la experiencia.
En estudio podemos trabajar con tranquilidad, controlar mejor la luz y crear imágenes más limpias. En el exterior aparecen otros estímulos, movimientos y posibilidades diferentes.
No hay una opción que sea siempre mejor que otra. Dependerá de la personalidad del niño, del tipo de fotografías que busquemos y de cómo queramos recordar esta etapa.
Lo importante es que siga siendo él o ella
Cuando una familia vuelva a mirar estas fotografías dentro de diez o quince años, probablemente no recuerde si una mano estaba perfectamente colocada o si todas las fotografías tenían una sonrisa impecable.
Recordará cómo era su hijo.
Su forma de mirar, su timidez, aquella sonrisa que aparecía cuando se olvidaba de la cámara o esa manera tan suya de estar con sus hermanos.
Para nosotras, conseguir fotos naturales de comunión significa precisamente eso: crear imágenes cuidadas y bonitas sin hacer que el niño deje de ser quien es para conseguirlas.
Esta forma de trabajar es también la que llevamos a nuestras sesiones de comunión en Jaén: guiamos cuando hace falta, pero dejamos espacio para que cada niño pueda mostrarse como es.
Preguntas frecuentes
¿Cómo conseguir que un niño salga natural en las fotos de comunión?
Lo más importante es darle tiempo para sentirse cómodo y evitar pedir constantemente que mire a cámara o sonría. Podemos darle pequeñas indicaciones, hablar con él, proponer movimientos o generar situaciones en las que poco a poco deje de estar pendiente de la cámara.
¿Qué pasa si mi hijo es tímido o no le gusta hacerse fotos?
Es completamente normal. No todos los niños necesitan el mismo tiempo para soltarse. Preferimos adaptarnos a su ritmo, conversar con él y dejar que gane confianza antes que intentar forzar una determinada expresión.
¿Las fotos naturales de comunión también pueden hacerse en estudio?
Sí. La naturalidad no depende únicamente de estar en exterior. En estudio también podemos crear situaciones relajadas, introducir movimiento y dejar espacio para que el niño se muestre como es.
¿Hay que posar durante una sesión de comunión?
Podemos dar pequeñas indicaciones cuando son necesarias, pero no buscamos que toda la sesión sea una sucesión de poses. La idea es utilizar esas indicaciones como punto de partida y dejar después espacio para que aparezcan gestos y expresiones naturales.
¿Pueden participar los padres y hermanos?
Sí. Además de crear un recuerdo familiar de esta etapa, la interacción con padres y hermanos puede ayudar a que el niño se relaje y aparezcan momentos mucho más espontáneos.
Beatriz Pérez
Fotógrafa y mandamás 🙂 en Supercastizo Fotografía, estudio especializado en fotografía infantil y de familia en Los Villares, Jaén.


